Salud

Coronavirus: Por qué estamos contrayendo cada vez más enfermedades transmitidas por animales

La pandemia del coronavirus Covid-19 ha traído muchas preguntas sobre las enfermedades transmitidas por animales al ser humano.

Desde que el virus se hizo pandemia, el coronavirus Covid-19 ha traído muchas dudas, se cree que proviene de algún animal de un mercado de la ciudad de Wuhan, pero aún no se ha confirmado la especie, esto resalta nuestro riesgo de contraer enfermedades transmitidas por la vida silvestre.

Lea también Beneficios nutricionales: Lo que un aguacate al día hará por tu salud

Es probable que esto sea un problema mayor en el futuro, ya que el cambio climático y la globalización alteran la forma en que interactúan los animales y los humanos.

¿Cómo pueden los animales enfermar a las personas?

En los últimos 50 años, una serie de enfermedades infecciosas se ha extendido rápidamente después de dar el salto de los animales a los humanos.

La crisis del VIH/SIDA de la década de 1980 se originó en los simios. La pandemia de gripe aviar de 2004-07 vino de unos pájaros y los cerdos nos dieron la pandemia de gripe porcina en 2009.

Más recientemente, se descubrió que el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) vino de los murciélagos, animales que también nos dieron el ébola.

Los humanos siempre han contraído enfermedades de los animales. De hecho, ese es el caso en la mayoría de las nuevas enfermedades infecciosas.

Pero el cambio climático está acelerando este proceso, al mismo tiempo que el aumento del número de habitantes en las ciudades y los viajes internacionales propician que estas enfermedades puedan propagarse más rápidamente.

¿Cómo pueden las enfermedades saltar de una especie a otra?

La mayoría de los animales transportan una variedad de patógenos: bacterias y virus que pueden causar enfermedades.

La supervivencia evolutiva del patógeno depende de la infección de nuevos huéspedes, y saltar a otras especies es una forma de hacerlo.

Los sistemas inmunes del nuevo huésped intentan matar a los patógenos, lo que significa que los dos están encerrados en un eterno juego evolutivo de tratar de encontrar nuevas formas de vencerse mutuamente.

Por ejemplo, aproximadamente el 10% de las personas infectadas murieron durante la epidemia de SARS en 2003, en comparación con menos del 0,1% de una epidemia de gripe “típica”.

El cambio climático está alterando y eliminando los hábitats de los animales, transformando la forma en que viven y alterando quién se come a quién.

La forma en que viven los humanos también ha cambiado: el 55% de la población mundial ahora habita ciudades, en comparación con el 35% de hace 50 años.

Y estas ciudades más grandes ofrecen nuevos hogares para la vida silvestre: ratas, ratones, mapaches, ardillas, zorros, pájaros, chacales, monos, que pueden vivir en espacios verdes como parques y jardines, lejos de los desechos que los humanos dejan atrás.

Algunas especies suelen tener más éxito en las ciudades que en la naturaleza debido al abundante suministro de alimentos, lo que hace que los espacios urbanos sean un crisol de enfermedades en evolución.

¿Quiénes está en mayor riesgo?

Las nuevas enfermedades en un nuevo huésped suelen ser más peligrosas, por lo que cualquier infección emergente es preocupante.

Algunos grupos son más vulnerables a contraer estas enfermedades que otros.

Los habitantes más pobres de las ciudades tienen más probabilidades de trabajar en la limpieza y el saneamiento, lo que aumenta sus chances de encontrar fuentes y portadores de enfermedades.

También pueden tener sistemas inmunes más débiles debido a la mala nutrición y la exposición al aire pobre o condiciones insalubres. Y si se enferman, es posible que no puedan pagar la atención médica.

Las nuevas infecciones también pueden propagarse rápidamente en las grandes ciudades, ya que las personas están tan apretadas que respiran el mismo aire y tocan las mismas superficies.

En algunas culturas, las personas también usan la vida silvestre urbana para alimentarse: comen animales capturados dentro de la ciudad o criados en los alrededores.

Se han impuesto restricciones de viaje, pero incluso sin estas medidas, las personas tienen miedo de interactuar debido al riesgo de contraer el virus, por lo que cambian su comportamiento.

Se hace más difícil cruzar las fronteras, los trabajadores migrantes temporales no pueden reubicarse y las cadenas de suministro se interrumpen.

Esto es típico de un brote de esta naturaleza. En 2003, la epidemia de SARS le costó a la economía global un estimado de US$40.000 millones en seis meses.

Esto se debió en parte al costo de tratar a los pacientes, pero también al descenso de la actividad económica y del movimiento de personas.

¿Qué podemos hacer?

Las sociedades y los gobiernos tienden a tratar cada nueva enfermedad infecciosa como una crisis independiente, en lugar de reconocer que son un síntoma de cómo está cambiando el mundo.

Cuanto más cambiemos el medioambiente, es más probable que alteremos los ecosistemas y que creemos oportunidades para que surjan enfermedades.

Solo alrededor del 10% de los patógenos del mundo han sido documentados, por lo que se necesitan más recursos para identificar al resto y a los animales portadores.

Por ejemplo ¿cuántas ratas hay en una gran capital y qué enfermedades transmiten?

Muchos habitantes de la ciudad valoran la vida silvestre urbana, pero también debemos reconocer que algunos animales conllevan daños potenciales.

Tiene sentido hacer un seguimiento de qué animales están llegando a las ciudades y si las personas están matando o comiendo vida silvestre o llevándola a los mercados de los alrededores.

Mejorar el saneamiento, la eliminación de desechos y el control de plagas son formas de ayudar a detener la aparición y propagación de estos brotes.

En términos más generales, se trata de cambiar la forma en que se gestionan nuestros entornos y la forma en que las personas interactúan con ellos.

Las pandemias son parte de nuestro futuro

Reconocer que están surgiendo nuevas enfermedades y que se están propagando de esta manera nos coloca en una posición más fuerte para combatir las nuevas pandemias, que son una parte inevitable de nuestro futuro.

Los expertos recomiendan tomar medidas de higiene como desinfectarse las manos para prevenir el virus.

Hace un siglo, la pandemia de gripe española infectó a aproximadamente 500 millones de personas y mató a entre 50 y 100 millones en todo el mundo.

El avance científico y las grandes inversiones en salud global significan que dicha enfermedad se manejaría mejor en estos tiempos o en el futuro.

Sin embargo, el riesgo sigue siendo real y potencialmente catastrófico: si algo similar ocurriera nuevamente, cambiaría la vida en el mundo.

A mediados del siglo XX, algunos en Occidente afirmaron que las enfermedades infecciosas eran conquistables.

Pero a medida que la urbanización y la desigualdad crecen y el cambio climático perturba aún más nuestros ecosistemas, debemos reconocer a las enfermedades emergentes como un riesgo creciente.

Con información de BBC

Suscríbete
Notifícame
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios