Nueva Esparta

Nueva Esparta solo cuenta con dos cardiólogos infantiles

La emergencia por el coronavirus agravó el déficit de personal que ya existía en la entidad.

En la actualidad, debido a la pandemia del Covid-19, muchas personas han perdido la vida, en especial los médicos, quienes día a día estuvieron dispuestos a atender a los pacientes infectados. Tal es el caso de los doctores Arturo Rodríguez y Carlos Anés.

Uno de los pioneros de la cardiología infantil en el estado Nueva Esparta fue Arturo Rodríguez, incansable trabajador del Hospital Dr. Luis Ortega de Nueva Esparta, en octubre de 2017 desbordaba felicidad cuando lo eligieron como epónimo de las XX Jornadas Orientales de Puericultura y Pediatría en la isla de Margarita. Casi tres años después de ese momento, su labor se interrumpió por la pandemia.

El 6 de septiembre de 2020, el doctor Arturo Rodríguez falleció por COVID-19 a sus 67 años. Tenía más de 30 años de servicio en el Hospital Dr. Luis Ortega, donde comenzó a trabajar tras su especialización como cardiólogo pediatra. Era un hombre sencillo, estudioso, “con grandes méritos profesionales y humanos”, que seguía atendiendo pacientes hasta antes de enfermar, recuerda Katyuska Mata, pediatra y presidenta de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría (Svpp), filial Nueva Esparta.

La emergencia por el coronavirus agravó el déficit de personal que ya existía en la entidad. Con la partida del doctor Rodríguez, ahora todo el estado Nueva Esparta quedó con solo dos cardiólogos pediatras: los doctores Pedro Zacarías y Manuel Acuña, quienes trabajan en el Hospital Dr. Luis Ortega y también se encargan de atender a los pacientes del sector privado.

“En el hospital en su momento más alto habíamos tres cardiólogos pediatras, dos electrofisiólogos, un cardiólogo de adultos formado en España y dos cardiólogos clínicos. Había material humano y se hacían ecos y hemodinamia”, cuenta Zacarías. “Hace cuatro, cinco años, teníamos una unidad de cardiología con un nexo con el Hospital Cardiológico Infantil y se resolvían pacientes. Era un protocolo, pero de ese tiempo para acá entramos en una espiral de desastre“.

Los sueldos comenzaron a bajar, los equipos empezaron a dañarse y además se suspendieron consultas. Según Zacarías, la situación que vive el estado Nueva Esparta también se repite en otras partes de Venezuela y asegura que en algunas entidades también carecen de equipos y de personal en el área de cardiología.

“Lamentablemente los niños con cardiopatías congénitas están en manos de Dios porque aquí no puedo garantizar procedimientos. Puedo hacer diagnóstico, pero en Nueva Esparta no hay dónde operar a esos pacientes y en Caracas solo reciben un grupo con el cual pueden resolver porque no tienen personal. Los cirujanos cardiovasculares principales se han ido”, añade el especialista.

Resalta que una cirugía a corazón abierto en el sector privado puede costar entre 30.000 y 40.000 dólares, cifra casi imposible de pagar para las familias venezolanas. Ahora, con la pandemia y sin equipos de protección personal, en el Hospital Dr. Luis Ortega no hay consultas y prácticamente todo el centro de salud es un “hospital COVID-19”.

El doctor Arturo Rodríguez durante las XX Jornadas Orientales de Puericultura y Pediatría.

Neonatólogos también son escasos

Carlos Anés era pediatra. No era neonatólogo, pero desde hace una década trabajaba cuidando a bebés recién nacidos en la terapia intensiva neonatal del Hospital Dr. Luis Ortega de Porlamar, donde nace la mayor cantidad de bebés de Nueva Esparta. “No tengo título de neonatólogo, pero tengo diez años trabajando en el servicio. Puedo saber más que muchos neonatólogos recién egresados”, dijo a Efecto Cocuyo en junio.

El doctor Anés enfermó en agosto de COVID-19. Antes había denunciado fallas en el aire acondicionado y deficiencias para el lavado de manos por ausencia de agua o jabón. Ya en junio advertía que aunque el hospital fue designado como centro para la atención de COVID-19, en las áreas que no estaban destinadas para estos pacientes no había suficientes equipos de protección y los trabajadores usaban tapabocas caseros.

También advirtió sobre las fallas de mantenimiento en incubadoras, monitores y ventiladores mecánicos y sobre el déficit de recurso humano tanto en su unidad como en el resto del hospital. Él mismo padeció como paciente la ausencia de personal. Falleció el mismo día que el doctor Arturo Rodríguez, el 6 de septiembre. Era uno de los cuatro pediatras que cubrían la falta de neonatólogos en su servicio en el principal hospital del estado.

En su centro de salud solo quedan tres neonatólogas en la unidad de terapia intensiva neonatal.

“En la actualidad la única que hace guardias y está en el plan de Guardia soy yo. Los demás son colegas pediatras, egresados del posgrado de Pediatría del hospital. Muchos de los que trabajaban en estos últimos cinco años han renunciado”, afirma una de las neonatólogas del servicio, que prefiere reservar su identidad.

En el estado hay por lo menos otros cinco neonatólogos. Todos trabajaron en el hospital Luis Ortega, pero dos se jubilaron y otros tres renunciaron.

La Sociedad Venezuela de Puericultura y Pediatría filial Nueva Esparta advierte sobre el impacto de las muertes de los dos especialistas y alerta que tampoco hay generación de relevo suficiente para llenar el vacío que dejaron los doctores Rodríguez y Anés. Según su presidenta, además hay pocos residentes del posgrado de pediatría que pasan por la unidad neonatal.

“La muerte de cualquier ser humano es lamentable, pero para nuestro gremio aún más cuando hemos perdido dos grandes profesionales, lo que viene a agravar la situación de déficit de personal”, señala Katyuska Mata.

Por lo menos cuatro médicos han muerto por COVID-19 en Nueva Esparta: además de Rodríguez y Anés, fallecieron los ginecobstetras Rafael Rojas y Elio Margiotta. También murió una enfermera de 48 años.

Dr. Carlos Anes en el área neonatal del hospital.

Con información de Efecto Cocuyo.

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