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Habitantes de San Bernardino temen posibles invasiones

Habitantes de la parroquia San Bernardino de Caracas, temen ante posibles amenazas de invasiones, luego de que se diera a conocer la irrupción de tres supuestos atracadores en el edificio Baralt.

Los sujetos ingresaron al conjunto residencial la mañana del sábado, 30 de enero, hasta llegar a uno de los pisos, sin forzar ninguna puerta. Para los habitantes de torres cercanas, este hecho evidencia que la intención no era cometer robo, sino verificar el estatus de ocupación de las viviendas.

El temor de la comunidad se justifica en las constantes denuncias de hechos similares en otras parroquias de Caracas ocurridos en los últimos tres meses. También en declaraciones de Iris Varela, quien ejerce el cargo de primera vicepresidenta del Parlamento de Nicolás Maduro desde el pasado 5 de enero. A juicio de los denunciantes, la acción de los tres presuntos delincuentes podría ser la antesala de una ocupación ilegal.

“Nos asusta más que esto sea el primer paso de un intento de invasión, que un robo frustrado. A ese nivel llegamos en Venezuela. No creemos que sea algo puntual, sino que más bien pueden venir más. A muchos de los vecinos no nos hace sentido que solo hayan entrado a ver. Se nota que conocían la dinámica de la urbanización y llegaron justo a dos de los apartamentos en los que casi nunca hay nadie. Si desde el mismo gobierno se están animando a estas acciones, qué nos queda. No sabemos ni a quién recurrir”, lamentó Olga Aguilar, residente de un edificio cercano.

Miedo viral

El aspecto y la acción de los tres hombres quedó grabada por el sistema de circuito cerrado del bloque. El video se volvió viral en redes sociales tan solo unos minutos después de registrarse la situación. Hasta esta publicación ninguno de los tres involucrados ha sido identificado plenamente, pese a que el rostro de uno de los sospechosos fue registrado en la grabación de más de un minuto de duración. Ante esto, los residentes del lugar pidieron celeridad en las investigaciones. Así mismo solicitaron más patrullaje y atención a la alerta vecinal.

“No forzaron puertas, ni rompieron nada. Nuestro miedo es que vuelvan otra vez. No sabemos cómo hicieron para entrar, porque en esa parte del edificio no hay cámaras. Nadie los vio entrar, gracias a Dios. La mayoría supimos lo que pasó después de que se fueron, por el chat de la junta de condominio. Como no tenemos vigilancia, ya estábamos expuestos desde antes. Ahora nos sentimos peor”, confesó una habitante del edificio Baralt que pidió resguardar su identidad.

Para acceder a la edificación se deben abrir dos puertas. Las rejas no cuentan con mayores dispositivos de seguridad, pero no presentan ningún que denote que hayan sido violentadas. Al menos tres de la docena de apartamentos que conforman el edificio están deshabitados. La mayoría de las viviendas desocupadas pertenecen a venezolanos que han emigrado en los últimos diez años. Otra parte está habitada por familiares de migrantes.

Patrimonio amenazado

Aguilar explicó que por los altos costos es muy difícil que los vecinos pueden reforzar la seguridad por sus propios medios. Optar por vigilancia privada duplicaría los costos que algunos apenas pueden sostener actualmente. Resalto que, junto a otras construcciones contemporáneas, el edificio Baralt es parte de las obras declaradas como de «interés cultural» en San Bernardino.

La distinción fue otorgada por el Instituto del Patrimonio Cultural el 26 de agosto de 2009. Esta identificación le asegura una protección especial para su uso y explotación, por lo que además de violar la propiedad privada, una toma ilegal vulneraría el legado histórico de la ciudad.

En un recorrido hecho por El Pitazo se corroboró el abandono de las avenidas Rafael Baralt y Francisco Javier Yánez, sobre las que está situada la torre. Ni por la denuncia reciente mejoró la asistencia en materia de seguridad. El puesto policial más cercano está a más de 2 kilómetros de distancia. Los afectados manifestaron que el sector es susceptible de nuevos actos como el denunciado.

De acuerdo con sus testimonios las calles de los alrededores lucen vacías, casi sin tránsito, por horas. Este escenario es común incluso entre semana, lo que aumenta el grado de indefensión en el que se sienten. El acceso al lugar depende casi exclusivamente de vehículos particulares. Pues, el transporte público es escaso. La otrora bulliciosa zona residencial apenas se conserva parte de su movilidad. Mientras, sus habitantes esperan que el silencio reinante no vuelva a ser interrumpido.

 

Con información de El Pitazo

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