Un accidente la dejó incapacitada y él la cuidó durante años: el destino les deparó fama y un final inesperado (+Detalles)

Juliana Ramos y su novio

La madrugada del 2 de octubre de 2009 hacía frío y llovía con fuerza. Juliana Ramos iba conduciendo su auto. Había tomado un poco, quizá bastante. Mandó un par de mensajes por celular. La noche era cerrada y la ruta tenía secciones con bastante agua. No iba rápido pero, en un momento, las ruedas de su coche perdieron contacto con el pavimento y se produjo el temido efecto aquaplaning. Sin control, el vehículo dio varios giros y terminó incrustándose de costado, hacia la izquierda del camino, contra el único poste de la cuadra. El impacto de la colisión cambió la forma del auto y lo dejó parecido a un boomerang.

Un conductor que iba detrás suyo se detuvo para socorrerla. Juliana estaba totalmente inconsciente. Los airbags no se habían desplegado. El motor despedía humo. El desconocido cortó el cinturón de seguridad y sacó a Juliana con rapidez. En pocos minutos llegaron los paramédicos de emergencias.

El resultado de los análisis de sangre de Juliana habría dado que tenía el doble de alcohol en sangre que lo permitido. Estaba al borde de la muerte: tenía fracturas en el cráneo y en el rostro. Eran lesiones severas.

A las 5 de la mañana, Chris Medina, su novio desde hacía seis años y con quien convivía, recibió el llamado de su madre con la noticia. Se levantó corriendo sin poder creer lo que estaba pasando y se dirigió al hospital. Encontró a Juliana en terapia intensiva, en coma y conectada a un respirador artificial. Los médicos dijeron que era muy probable que no sobreviviera.

Chris no creyó en los malos presagios de los especialistas y mantuvo la esperanza: estaba seguro de que su novia, con quien tenía fecha para casarse en dos meses más, era fuerte. Se despertaría y todo estaría bien. Stop.

Un, dos, tres… grabando

Primero la familia, el novio y sus amigos, rezaron por su vida; más tarde, porque las secuelas no fueran demasiado graves. Chris no se despegó de ella por un segundo. Observaba cada cambio, cada reacción de su novia dormida. Le prometía al oído que estaría ahí para cuidarla.

En un video que todavía circula por YouTube se lo ve interactuando con Juliana que está en la cama como dormida. Chris lo grabó con la intención de demostrar a los médicos los avances de su novia. Se la ve con una traqueotomía para su respiración asistida, no puede abrir los ojos por sí sola y él la ayuda. Le habla alentándola y logra respuestas. Ella le hace caso, mueve una mano y toca la cámara. Chris se emociona.

“Alrededor del 15 noviembre Juliana despertó. Hacía unos días que mostraba signos de estar escuchando”, contó Chris en un reportaje televisivo.

Un mes y medio después del brutal accidente Juliana salió del coma y la verdad quedó al desnudo: a pesar de que interactuaba con el resto, tenía daño cerebral severo. Si bien podía decir palabras sueltas con mucha lentitud, no podía caminar, ni comer sola, ni valerse por sí misma para ir al baño. Necesitaba ayuda para todo, su mente ya no era la misma. Juliana se había vuelto cien por ciento dependiente. Los médicos dijeron que había que enviarla a un lugar para que viviera con asistencia; Chris y su familia se opusieron, querían enviarla a rehabilitación.

Sobre aquel video grabado en terapia intensiva, Chris explicó en un programa televisivo: “Los médicos nos dijeron ¿cómo se va a rehabilitar si no sigue indicaciones? Recuerdo haber llamado a su madre y haber mirado el teléfono y ver que tenía una cámara pensé: puedo grabarla haciendo lo que le pido porque lo hace… y lo empecé hacer. Todo lo que yo le pedía lo hacía. Hicimos un DVD y se lo dimos al neurólogo. Y eso cambió todo. Una semana después fue a rehabilitación. Al tercer mes del accidente, ella empezó a decir palabras. La primera que dijo creo que fue: ‘Mamá’. Sentirle la voz, después de tanto, me hizo llorar fuerte, era increíble”.

El casamiento quedó primero postergado, luego, olvidado. Todo estaba centrado en su recuperación. Chris, junto con Janet Spencer Barnes, la madre de Juliana, se ocuparon de todo. Incluso de recaudar dinero para la rehabilitación de la joven. Tenían ilusiones de que pudiera mejorar para volver a ser la mujer llena de vida que había sido. Creían que con esfuerzo, convicción y paciencia, se podría.

En 2010, Chris, que siempre había tenido vocación musical y además de cantante era pianista, decidió dar un paso más en el mundo artístico. Con 26 años se anotó para participar en el certamen American Idol. Fue el último en presentarse a la audición en la ciudad de Milwaukee. Era el año 2011 y Chris llevaba prendido al pecho un número que lo identificaba: 68817.

El desafío era enorme. En el jurado estelar estaban nada menos que la famosa actriz y cantante Jennifer Lopez; Steven Tyler, compositor y cantante de Aerosmith y el bajista, productor y, también, cantante Randy Jackson. Lo escucharon atentos. Lo mejor vendría al final, cuando le preguntaron sobre su vida. Stop.

El pasado que no fue

Christopher Lucas Edward Medina, o Chris a secas, nació el 30 de noviembre de 1983 en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Su padre era de origen mexicano; su madre una enfermera de familia puertorriqueña. Aun así él no aprendió a hablar castellano con fluidez. Quizá haya sido por esa necesidad de los inmigrantes de asimilarse a la cultura donde viven que lo enviaron a colegios anglosajones: “Mis padres se divorciaron y mi mamá hablaba español, pero mucho más inglés. Me hubiese gustado hablar español, me da pena no poder hacerlo”, reconoció.

Juliana Ramos y Chris se conocieron trabajando en una cafetería. Con el tiempo empezaron a cantar en la misma banda de música. En 2009, cuando llevaban seis años saliendo, él le propuso casamiento. Ella no dudó. Comenzaron los preparativos en un horizonte despejado y feliz donde no existían los miedos. Se amaban profundamente y se habían prometido que fuera lo que fuera que pudiera pasarles algún día, siempre estarían el uno para el otro. Eran esas promesas de enamorados que jamás se cree que podrían ser difíciles de cumplir.

Pero la fatalidad le tenía preparada a Juliana una zancadilla. El combo de la lluvia, la oscuridad y la imprudencia del alcohol terminó por lanzarla contra el poste que les cambió la vida. No las promesas.

Una canción que arranca lágrimas

Retomemos y volvamos a aquella audición de American Idol de 2011 donde la bella voz de Chris sorprendió a los jurados. Lo que realmente conmovió esa tarde fue su historia. Chris contó que estaba comprometido y reveló que su pareja padecía daño cerebral debido a un accidente de auto, pero que él había elegido seguir a su lado. Al terminar su participación, los tres célebres miembros del tribunal de la canción quisieron conocer a Juliana, quien estaba detrás de escena en su silla de ruedas.

Las cámaras ruedan mientras filman las imágenes que harán llorar a los espectadores. Juliana ingresa en el cuadro de filmación mientras Chris, de camisa a cuadros empuja su silla. Juliana, con su largo pelo lacio y castaño, enfundada en una simple remera gris y un pantalón negro, saluda a los jurados moviendo la única mano que domina. Ellos se paran de sus taburetes y van a su encuentro.

-Soy Jennifer Lopez.

-Soy Steven Tyler…, dice él músico y la besa con fuerza.

Juliana tiembla en su silla de ruedas, pero el temblor no es emoción descontrolada, es producto de sus lesiones cerebrales. Chris les reconoce que ella ya no es la misma, pero ratifica que quiere quedarse con ella, porque ahora es justamente cuando más lo necesita.

Los tres votan de forma unánime para que Chris pase a la etapa y llegue a ¡Hollywood! Chris no puede creerlo.

Un tiempo después, cuando llega el momento de seguir compitiendo, Steven Tyler no se olvida de aquella tragedia que le había relatado. Antes que nada le pregunta por la evolución de Juliana. Él responde que sigue intentando mejorar cada día.

Chris Medina no gana el certamen y Jennifer López llora. Pero haber sido eliminado no impide que se vuelva popular a nivel mundial. Con su dedicación a Juliana ha tocado almas.

Chris relata, en un reportaje con The Hollywood Reporter, sus sensaciones durante esos días mágicos: “Steven Tyler es alguien que yo escuchaba desde chico. Mi madre lo ama y cree que es genial. Es sorprendente como alguien tan icónico con un poder de super estrella puede ser tan a tierra y hacerte sentir cómodo. Es como un hippie con una misión, un espíritu libre que la gente ama”. De Jennifer dice que “es realmente dulce. He escuchado esos rumores que dicen que es una diva… que no la podés mirás a los ojos porque te volverás estatua, ¡pero ella no es de esa manera!”.

El público comienza a seguir a este joven de grandes rulos y mirada soñadora que tanto cuida a su novia discapacitada y que la sube en brazos por las escaleras de su casa. Chris sale a la calle y la gente lo acorrala pidiendo autógrafos; los chicos ponen sus brazos desnudos para que firme sobre la piel; las madres le suplican que se saque una foto con su hija; una mujer llora… Es una locura. Tanto, que Rodney Jerkins, famoso productor y ganador de varios premios Grammy, escribe para él -junto con Lauren Christy y Andre Lindal- una canción especial para que interprete en tributo a su novia Juliana Ramos. ¡Cómo decirle que no al productor de Britney Spears y Michael Jackson! Es un honor. La canción se llama “What are Words” (Qué son las palabras). Acá, parte de la letra:

“En cualquier sitio donde estés, estoy cerca

A cualquier sitio donde vayas, estaré

En cualquier momento en que susurres mi nombre, me verás

Como cada promesa que mantendré,

porque ¿qué tipo de hombre sería si te dejara cuando más me necesitas?”

(…)

“Qué son las palabras si no las sientes

al decirlas

qué son las palabras

si son solo para los buenos tiempos”

(….)

“Y sé que un ángel fue enviado para mí,

y sé que quiero estar donde estoy

aquí estaré

parado a su lado esta noche

y estaré a su lado

no me iré cuando ella más me necesita”.

La balada se lanzó en 2011, poco después de la eliminación de Chris de la competencia. El videoclip de la canción incluye imágenes de Juliana y de él. Están allí los buenos momentos donde se los ve compartiendo su trabajo como baristas en una cafetería y cuando él le propone matrimonio. Pero, también, los posteriores al accidente, donde se observa cómo él la ayuda en su recuperación y la cuida.

La interpretación de Chris arranca lágrimas. La canción la rompe.

Cada vez que alguna persona la descarga por iTunes, un porcentaje va a la Fundación para la Recuperación de Juliana. Esos fondos prometen mejorar mucho su vida. Y así fue.

La canción ocupó el primer puesto en Suecia, Noruega y Dinamarca y estuvo en el número 83 del Billboard Hot 100. Hoy se puede ver en el canal de YouTube donde cuenta con más de 63 millones de vistas.

Al mismo tiempo, hubo médicos que ofrecieron trabajar gratis, gente que donó dinero para pagar las cuentas hospitalarias y la empresa local BraunAbility and MobilityWorks colaboró -para que Juliana se pudiera transportar y pudiera subir con su silla de ruedas- con una camioneta utilitaria valuada en 45 mil dólares. La solidaridad fue suficiente para conseguir lo mejor para ella. Pause.

El día a día

Si bien las conquistas económicas ayudaron, las mejoras físicas en Juliana fueron pocas. Las consecuencias del accidente no eran reversibles.

En 2011, en esa franca entrevista con The Hollywood Reporter, Chris admitió que no todo era tan fácil: “Quiero que nos casemos un día. Ese es el objetivo. Pero también me digo a mí mismo: está bien que ella esté en una silla de ruedas. Eso no es un problema para mí. También me digo que está bien que a ella le cueste hablar, que no esté al cien por ciento, pero si en un par de años en adelante, como pareja, no podemos mantener una conversación, no sé si estaría bien. La esencia de una pareja es el diálogo. No me importa tener que ayudarla a subir al auto, pero no quisiera que tener que darle de comer en la boca y llevarla al baño todos los días sea algo para siempre. Me gustaría que ella mejore para llegar a ser un poco independiente”. Contó además que ella, como vivía con él, estaba bajo la protección de su seguro médico que tenía en Starbucks, la empresa donde trabajaba; qué soñaba con ser un artista a tiempo completo y con comprarse una casa donde ser felices. Sueños. Y siguió hablando: “Lamento que suene duro para muchos escuchar esto, pero son mis pensamientos y la verdad. Para mí Juliana sigue siendo bella, pero aun así necesito que ella pueda sentarse y conversar conmigo. Quiero llegar a un punto donde me sienta menos un cuidador y más un novio. Entiendo también que decir que no nos casaremos hasta que esté mejor, puede sonar injusto para ella. Entonces, lo único que digo es: ‘Bebé, si vos seguís tratando, yo sigo tratando. Esa es la verdad’”. Pause.

Después de decir esto, Chris tuvo que soportar que muchos de sus fans y de sus admiradores no entendieran su necesidad de que Juliana progresara y que condicionara a ello el casamiento. Había sido totalmente sincero, pero para algunos eso era como un pecado.

A mediados de 2011 viajó invitado a Singapur para participar de una fiesta benéfica para juntar dinero con el fin de ayudar a los que padecían discapacidades mentales y físicas. Juntó millones. Poco después, fue contratado para cantar en Noruega, Suecia, Dinamarca y Alemania.

Era justo julio de 2011 y en Oslo, Noruega, acababan de ocurrir unos atentados que habían terminado con la vida de 77 personas. Una de las víctimas era una joven de 18 años llamada Monica Iselin Didriksen quien adoraba la canción What are Words. Sus padres consiguieron contactar a Chris para pedirle un favor: que cantara en el funeral de su hija.

El cantante accedió conmovido.

Del amor a la amistad

Si bien Juliana empezó a hablar, se le entendía muy poco. Chris lograba interpretarla. Sus avances le permitieron tipear y hasta tener un blog. La vida en común con Juliana era exigente: todas las noches Chris debía levantarse varias veces; por la mañana primero la bañaba, luego preparaba el desayuno y más tarde la ayudaba con los ejercicios antes de colocarla frente a la computadora. Chris se sorprendió consigo: había descubierto que tenía una paciencia y dedicación que antes no sabía.

Janet Spencer Barnes publicó ese mismo año un libro que se tituló Por Juliana, donde contó la lucha que significó cuidar de su hija mayor y al mismo tiempo de sus otros cinco hijos menores.

El tiempo pasó y la independencia de Juliana no llegó. Cada vez estaba más claro que sería imposible. La famosa canción hablaba de cumplir promesas, de cuidar al otro, eso explicó el mismo Chris en un reportaje, no de matrimonio.

En 2014, después de once años juntos y cinco luego del accidente, sobrevino la separación de ellos como pareja. Fue en los mejores términos. La promesa de cuidarla seguiría vigente, pero de otra manera.

Chris, con 31 años, tendría la libertad para volverse a enamorar.

Siguieron viéndose y conversando por las noches. Chris le aseguró una y otra vez que estaría cuando ella lo necesitara. Ahora eran amigos, para siempre. Fue ese mismo año que Chris Medina y Juliana Ramos firmaron un contrato de cine para que se filmara su historia de amor. No trascendió qué pasó con ese proyecto.

Una nueva familia para Chris

En 2015 Chris comenzó a salir con una chica noruega llamada Silje Skylstad Gotaas. En 2016 se mudó a Noruega y el 3 de julio de 2017 tuvieron una hija a la que llamaron Mila. Hoy los tres viven en Oslo, la capital de ese país. Chris sigue en contacto con Juliana. Hablan con frecuencia por teléfono y, cuando viaja a Estados Unidos, siempre la visita. No la ha olvidado. El amor que alguna vez fue pasional y romántico hoy es una gran amistad. Juliana sabe que cuenta con él, Chris no es de los que se borran. Además, Silje, Juliana y Mila han compartido ya varios encuentros.

En 2019 Chris fue designado como representante de Noruega en el concurso de la canción de Eurovisión que se realizó en Tel Aviv, Israel. Se presentó con un sencillo titulado Intentamos (We try).

Chusmeando en sus cuentas de Facebook y en su Instagram se puede ver que Chris sigue cantando, posteando fotos con su hija que está por cumplir 5 años y su mujer y, cada tanto, también con Juliana.

Chris no le hace caso a las críticas que lo tildan de hipócrita o de haber hecho dinero con el drama de su ex. No le importa si le creen o no. Él suma afectos y dice que Juliana, jamás le será indiferente, y que estará en su vida para siempre. Stop/Eject.

 

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