«Capitalismo de bodegón» se instala en el país en medio de un Estado quebrado

En medio de un Estado quebrado por las desacertadas políticas económicas y corrupción durante más de 20 años, quedó instalado en el país un «capitalismo de Bodegón«, enterrando el discurso comunista, socialista y revolucionario.

Así como Hungría tenía su “comunismo goulash”, Venezuela tendrá su “capitalismo de bodegón”, con cuentas e impuestos en dólares, y los respectivos insultos a la “izquierda trasnochada”, que nada entiende.

Para entender la decisión, hay que volver a recurrir al fantasma del autor de Qué Hacer y una de sus frases más conocidas: “la realidad -dijo Lenin- es más terca que los ingleses”.

Los medios de comunicación libres (aunque más amenazados que nunca) que resisten, hacen hoy verificación de datos del discurso de Maduro, y por supuesto, encuentran cuento tras cuento, y dònde hay verdades, buena parte de estas son inverificables.

Una gestión tan desastrosa y tan ruinosa como la del madurismo solo puede esconderse detrás de un alud de cuentos y desvíos de culpas más grande que el desvío del río Yangtze.

Y si uso tantas metáforas comunistas es solo porque duele en el alma ver a Maduro acusar a la “izquierda trasnochada” de no entender una revolución en la que circulan los dólares y los bodegones florecen como hongos después de la lluvia.

Con los poderes copados por las malas, Maduro no se lanza por el camino de la abolición del capital, sino todo lo contrario; y eso es lo que no entienden los insomnes camaradas del Partido Comunista de Venezuela, a quienes iba dirigida la acusación y que justamente esperarían marxismo, y no capitalismo, de una revolución que entra en su tercera década ininterrumplida en el poder.

Capitalismo de bodegón: Más trasnochado será usted

Lo cierto es que Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional surgida de los cuestionados comicios del 6D-2020, señaló que el discurso de Maduro este martes fue “histórico” y ciertamente, habrá que recurrir a este discurso en el futuro para dar cuenta del inicio formal, de Estado, del «capitalismo de bodegón».

Tras quebrar al Estado venezolano mucho más allá de cualquier posibilidad de recuperación (incluso aunque dentro de una semana Joe Biden levantara integralmente las sanciones contra Venezuela, lo cual es una hipótesis absurda), lo único que puede hacer Maduro para que el régimen sobreviva es una apertura, espera él que bajo condiciones controladas, y de la que la cúpula gobernante se beneficie, mayormente, como empresaria mientras  el Estado se beneficia cobrando impuestos en dólares y generando alguna transparencia en su presupuesto, que hoy no existe.

¿Son estas malas noticias? Para nada. Es mucho mejor que lo precedente. Que la economía se dinamice, aunque sea en pequeños bolsones, y con mercados todavía bastante controlados, es mucho mejor que el modelo que colapsó en 2017: el de los controles totales y la negación absoluta de los mercados.

Volveríamos a cierta normalidad, de una Venezuela basada en el esfuerzo, y de por lo menos un mínimo respeto por el trabajo de las personas, porque no todos los inversionistas son enchufados, ni mucho menos. Hay mucha gente con muchas ganas de hacer cosas, como siempre la ha habido en este país.

Y se beneficiarían los salarios, porque lo que más destruyó el modelo de controles fue, justamente, el valor del salario. Con demanda cero, el valor del trabajo tiende, también, a cero. Otra amarga verdad que hemos aprendido los venezolanos en estos años de horror.

Entre Cuba y China, mejor China

Quienes critican el “modelo chino” de Xi Jing Ping por sus indudables violaciones de derechos humanos, no tienen en mente que la China de hoy es infinitamente mejor, para los chinos de hoy, que la que padecieron sus abuelos, regidos por Mao Tse-Tung, donde celebrar el cumpleaños de un niño era un acto contrarrevolucionario.

Eso sí, para que no queden dudas, ambas son dictaduras, la China de 2020 y la de 1970. Una lección de la que el chavismo, sin duda, quiere sacar ventajas. Pero una apertura económica, casi indefectiblemente, llevaría a Maduro a hacer mayores concesiones hacia una eventual democratización.

Limitado a sus amigotes, el “capitalismo de bodegón” no funcionará más allá de los bolsones. Sin petróleo que vender, el crecimiento económico solo se lograría por iniciativa privada. Y esa iniciativa privada, finalmente, exigirá Estado de derecho.

No se vive solo de vender Nutella y mantequilla de maní. Un auge comercial demandará un auge industrial, y estos una apertura económica, y todo lo anterior, servicios eficientes. Es decir, todo el círculo virtuoso que destruye, precisamente, el comunismo.

Probablemente, el modelo que se aplique sea mucho más ruso que chino, un capitalismo corporativo, de amigotes, en el que hay un autócrata que lo controla todo, pero que cumple algunas formalidades mínimas de la democracia.

Que haya democracia completa sigue siendo un camino sin atajos, y dependiendo de nosotros, los venezolanos.

 

Con información de Caraota Digital

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